"A LAS PUERTAS DEL INVIERNO"

"A LAS PUERTAS DEL INVIERNO"
Autor: © Daniel Fontinovo.

Vendrá el invierno a llevarnos, vino por nosotros, quiere asustarnos, de frío matarnos y el alma helarnos; a las puertas del invierno nos encontramos y aun así, nuestro amor no se detendrá. No es nada descabellado querer ser tu refugio, amarte con locura y sin horario. Tan sólo tengo en mi pensamiento y en el reflejo de mis ojos, la forma para hacerte poesía, luz de mis tormentas, mis noches eterna. A las puertas del invierno, con fuego en el corazón, calma en los besos, y hielo en la piel, profundamente tu amor voy a proteger, yo voy a ahuyentarte los miedos. Llenarte de besos para mantener ardiendo tu esencia, yo quiero; aunque el cielo este gris, aunque reine el frío que suele oponerse a las almas débiles. No dejaré que te mueras de frío, llegó el invierno y con él, hoguera tuya y hogar es mi cuerpo; a las puertas del invierno.

Cuánto desastre provocará el invierno, pero, si nos ponemos a pensar; el océano es un monstruo dormido también, ha causado destrucción en la tierra, se ha llevado vidas enteras, el fuego es otro gigante con las manos manchadas de sangre, y eventualmente el frío también puede matar, lo ha hecho y sin temblar. Con ese criterio: ¿Sí todo está mal, si todo mata, qué es lo correcto o lo normal? Yo te voy a amar igual, con invierno, o sin él; nada más que el amor puede poder. Y te voy a abrazar, tan fuerte que el invierno por más tornados y remolinos, no te aparte de mi camino. Mañana seguirá haciendo frío, no importa cuánto la corriente sopla y el frío corta, nuestro amor no se toca. Ante los pronósticos más adversos, los días colmados de melancolía y el ánimo con ira y sin aliento; yo seré tu refugio y tu templo, la luz al final del camino, el amor más que nunca sólido y vivo.

A menudo incomprendidos, la gente nos mira raro y nos ve incompatibles, ¡Qué mierda nos importa la gente y su envidia!, Tanta maldad; esos sí que nunca han vivido el fuego intenso y sublime del amor, tienen frío el corazón. Qué vida tan triste y miserable deben vivir esos que viven sin amor. A las puertas del invierno más crudo amor, yo te juro eternidad, camino con sus obstáculos y todo, por este, que vida se hace llamar. Para amarte tengo una vida más, la vida del más allá, el invierno del paraíso, para siempre serte leal, hacerte poesía y verdad. A las puertas del invierno amarte porque quiero; encender tu ternura y tu paz, ser cómplices perfectos hasta el final. A la par de pie tú y yo, no de rodillas como la masa ante un falso Dios, no hay invierno que nos congele tanta pasión, nadie entiende lo que sentimos; no está escrito en ningún libro.

Pregúntale mi amor a las estrellas, te dirán que te amo a pesar de todo, pregúntale a la primavera, verano y otoño, te dirán que el invierno es un demonio, las estrellas concluirán en que el amor es una ciencia, una fuerza y un arte. A las puertas del invierno soy tuyo, aunque el frío nos quiebre los huesos, aunque todo huela a error; me basta mirarte para tener sentido, para ser un hombre distinto, qué más da si muero de frío. Nada más necesito que estar contigo, el invierno nos mira de cerca, quiere intimidarnos; nosotros no nos dejamos, y yo juré protegerte de todo daño, ser leal e incondicional, amarte sin pretextos. Se desvanecerá el invierno, será recuerdo, nuestro amor seguirá siendo cálido, blanco y honesto; nuestro amor es verdadero. Comenzó de nuevo, se nos pintó de blanco el cielo, y a veces gris, y a veces negro, y nuestro amor sigue siendo fuego; invierno.

No olvides amor, que yo te quiero, que yo te quiero, a las puertas del invierno. A la conciencia del tiempo, al desamparo del silencio, a los ojos del Apocalipsis, a tus días de crisis. Tengo intenciones claras contigo, sé que quiero ser el guardián de tu castillo, defenderte, aunque no tenga fuerzas; amarte sabiendo que los días pesan y el frío se torna cruel, sólo abrázame, así, sin etiquetas; sin papel: un pacto no más de corazón a corazón. Mi vida es tuya, y perdona si un día el invierno me arranca la memoria de raíz, o la vejez, y ya no te reconozco mi amor, no me odies. Déjame cuidarte, aunque el tiempo no esté de mi parte; después de todo así es la vida, déjame envejecer y dar el último suspiro de amor y poesía, en tu compañía. Sólo quédate conmigo, no importa si hace frío, no hay diluvio ni bruma que opaque nuestra forma de amar; nuestra locura. 

Contigo en cualquier lugar, contigo en cada estación, en la guerra y en la paz, contigo reír y llorar; a las puertas del invierno. A los pies del averno, incluso amarte, yo puedo quiero sanarte el corazón; porque aún en invierno me vuelves loco. Esos regalos que te da la vida, tú, ¿Cuándo voy a aprender a escribir de ti sin llorar?, a las puertas del invierno, que no es sereno ya; confieso, que tu existencia es todo lo que tengo. Tengo la certeza de despertar con miedo a perderte, a veces el invierno pega fuerte; tengo miedo. Un siglo puede durar el invierno o un susurro, una copa de vino, un grito de auxilio, yo de ti no desisto; no me doy por vencido. Y te vuelvo a decir en este invierno hostil, seré tu refugio, aunque no lo quieras oír, voy a dibujar una sonrisa en tu boca. Y aprendí de ti, y quizá no lo merezco, pero haces mis días perfectos. He tocado a tu lado el cielo con las manos, cuando sientas frío sólo ven conmigo; te amo, no importan las estaciones, siente como arden nuestros corazones... A las puertas del invierno.



Comentarios

  1. Los amores invernales son más intensos porque tienen menos tiempo para amar.
    Beso bermejo

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