"UN RÍO DE SANGRE"
"UN RÍO DE SANGRE" Autor: © Daniel Fontinovo.
Con el naciente sol tú naces. Se cuecen contigo falsedades, si basta mirarte para entender que tus tripas vomitan mentiras, tú no curas pero lastimas; eres un manto de hipocresía. Ese afán que tienes de matar todo lo que tocas, la vida tiene la costumbre de saldar deudas con todos, descuida. Marchitos mis sentimientos y mi alma dejaste, te aseguro que te despojaras de tu existencia un día sobre un río de sangre. Vagamente pienso en la obscuridad y sereno en la soledad que yo te amaba... Pero nada es lo que parece. La sangre me hierve, tú me dueles, en cada verso, cada suspiro. Me arde tu engaño en cada espacio del pensamiento, en un río de sangre ahogaste sin piedad todo el amor que te supe dar. Me alcanza un suspiro para ser consciente de lo que no fui, para ver lo que no vi, tú me dejaste ciego. Tú arrastras a tus tinieblas la paz que no tienes, que la humanidad padezca y muera porque tú padeces y nada de vida te queda; ¡Qué injusta y maldita!.
Un río de sangre, un inmenso desastre, una tormenta interminable haces porque el sufrir de tu prójimo es todo lo que te satisface. Un sendero sangriento y lleno de entes malignos creas en los hombres vivos que besas... Eres una Viuda Negra, cópulas, matas, y te marchas. Un río de sangre inocente te baña, pero de inocencia tú careces, no sabes quién eres pero tampoco te sientes identificada con los demás. Un río de sangre que te limpia y delata, te refleja vacía y miserable, no voy a cargar con tu cruz a ninguna parte. ¿Y amarte para qué sí tú no me amas?, tú no amas a nadie, tu querer no vale es tan ficticio como tú, tan aberrante como tú. No necesito necesitarte ni deseo odiarte, y odiarte me nace. Existe en mi vida un silencio sepulcral sin importar dónde mis ojos miren, una tétrica y a veces triste soledad que es la única compañía que me has sabido dar, y la soledad y la obscuridad son más amables, mejores que tú.
Tengo en mi jardín un cementerio con tus cartas, tus faltas y tus "Por toda la eternidad" y tú no imagínas cuántas rosas negras tristes me miran por tu crueldad y los estragos que has hecho de este hombre sin horizonte. No tengo rumbo seguro, voy dónde vayan los cuervos, dónde el frío invierno oculte mis versos... Lejos de un río de sangre, de una masacre. Las bastardas como tú se terminan ahogando en sus propias lágrimas de sangre, dice la vida que en su lecho de muerte se arrepienten del mal que hacen; lo juran por su falso Dios. En un río de sangre cuentan que se suicidan los acorralados por su propia alma, los que para perder no tienen nada, los gusanos de la culpa hoy tendrán para comer otra vez. Llegarás a ese momento y en ese sitio, de tu propia mano terminará tu castigo, no caeré en tu trampa otra vez, ni soy tu enemigo lo debes saber, pero nadie sino tú eres responsable de tu existencia. Fue seguro un infortunio del tiempo, un desacierto de la vida, una brujería eso de juntarnos y ser uno.
Qué sombrío es el mundo, tú, porque te abracé, estaba abrazando una ilusión de papel, un demonio con rostro de mujer. No eras lo prometía tu boca, no puedes aseverar ni un sentimiento, ni una palabra, ni un lamento. Navegué un río de sangre por iluso, te creí una noche eterna con la luna sangrienta más radiante y me pregunto: ¿Cómo puede un ser obscuro enamorarse?. Fuiste mi mejor creación, la fantasía, mi poema, hoy ya no eres mi problema, la muerte te acecha. "Ese hombre no debía morir" habrás pensado, mientras me desmembrabas el alma con tus manos; "Ese cuervo no debe volar mi mismo cielo", mientras me cortabas las alas y rompías mi cuello. Cuánto lamento tu ausencia de humanidad, tu consciencia irracional, pieza por pieza al infierno te irás. Voy a contemplar tu caída, voy a ser testigo del fín de tus días, se agotará tu tiempo... Verás un río de sangre y fuego en mis ojos, la sonrisa del demonio, la maldad despertando en mi rostro. Un río de sangre ahoga tus patrañas, no eres nadie.
Es inviolable el silencio y la soledad, la obscuridad solo es una capa y mi ira es alimento; nada me debes, nada te debo. No añoro de ti recuerdo, el pasado detesto, no quiero viejos días ni los nuevos. Sucio me siento, me sentí... Tomé una daga, y todo rincón de mi cuerpo dónde me sabía tu aliento, dónde tus caricias escribieron mil y un cuento, dónde habitabas y tu pelo como enredadera tejió infinitas esperanzas, sueños, y promesas muriendo; despellejé sin reparo, solo te quería lejos, en un río de sangre. Corté tu nombre de mi piel, para no volver. Nunca imaginé un caos semejante, ¿Por qué tal guerra y desprecio entre dos amantes infernales?, se ha formado un río de sangre que no cesa de crecer aunque los años pasen. ¿Y todos los demonios qué tú despertaste, y el desastre qué dejaste, y la sangre inocente qué derramaste?, cuántas espinas sin piedad en mi alma enterraste; te mereces el peor de los finales.
Rencor aparte: ¿Por qué tu desamor me hiela la sangre?, ¿Por qué el amor duele?... Es el hombre por ignorante quién hace que el amor sea dolor; porque el amor no duele. Duele más lo que mi corazón ahora por ti siente yo te compadezco, siento una profunda pena por alguien como tú. Ni fuerzas tengo para darte versos de odio, en este río de sangre se refleja la pobreza de tu ser, no mereces de mí tanta verdad. Qué inmensa melancolía me queda, ojalá las tinieblas no nos gobernaran el corazón, ojalá un río de sangre no corriera entre los dos. Esa fue tu sentencia, ya nada nos queda, no creas que mis acciones son suficientes para arrancarte de raíz, la tormenta en mí no para, el tiempo no para, y para olvidarte al fín es necesario morir. Estoy seguro fue lo nuestro para ti un idilio, ahora eres tú quién pide auxilio; mereces este martirio, a dónde correr no hay sitio, no hacen falta más palabras, ni más poesía, no más gritos del alma mía, en tu propio río de sangre se acaba tu vida. Es el final que tanto anhelaste, en ... Un río de sangre.



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