" A LAS PENUMBRAS"

  ''A LAS PENUMBRAS'' Autor: © Daniel Fontinovo.  

Las gotas de sangre en penumbras, luna de sangre en penumbras. La muerte del alma, la voz de la parca, los rincones de mis lamentos negros no guardan silencio; a las penumbras me dirijo. Los fantasmas de mis penumbras tiñen mis noches de angustia; fue mi corazón herido, acorralado, mutilado... Quién me condujo a este pantano. El invierno se acerca y mi amarga soledad no comprende que se muere ante la falta de su amada, mi sombra que la nombra pero la odia, a las penumbras. Quisiera que la noche me pague con la muerte, para ya no tener que verle, que la maleza oculte mi cadáver para que no me encuentre; ojos negros nublados, abismo de atroces gritos desesperados. 

Ya entre mis brazos no se acuna no sé a quién le pertenecen sus besos derroche de veneno esa boca que ya no sueño. A las penumbras me abrazo que las prefiero; que el dorado sol nazca al amanecer para ella... Lejos de mis terrores y de mi ser. Soy el hijo de las penumbras, la voz marchita de las negras rosas y sus espinas. Se agotan los suspiros de la muerte que nos vigila, no queda amor ni vida; perpetúa hiel de mis días. Parece esta noche castigo, a las penumbras ya no siento, cuál es el propósito del odio al amor que ya no tengo. Le atribuyo a mis demonios este odio, nada de luz habita en mi carne, soy la obscuridad y la verdad. 

A las penumbras sin resistencia me entrego nada omito no pongo peros, pereció mi alma en el gélido silencio, voces vestidas de negro han mi mente acechado y no logro calma. Dónde habita la libertad que tanto gozaba, que de la noche a la mañana el corazón sin piedad se me arranca del pecho... Quedo solo, sin nada; y la obscuridad me abraza. Y esta noche quiero permanecer dormido, permanecer ido, amordazado por la penumbra que es mi única consejera, anestesiado todos mis sentidos. Por confiar en el amor quiero llamar a mis sentimientos malditos. No hay inocentes y el desatino del amor es frecuente; quisiera que este camino de sombras grisáceas no me recuerde las memorias de su ignorancia. No necesito más de su falso querer, no ha sido más que un falso ángel con rostro de demonio cruel. 

Siempre fui el cuerpo de la soledad con el rostro del infierno, un demonio insaciable y pasional. Le entregué mis virtudes a quién no debí; caminé por la cornisa de la más grande hipocresía... Era una desalmada que no me merecía. A las penumbras le doy mi tumba, mi agonía a los cuervos; ya no más  seré de sus besos y de su rechazo, ya no más me tendrá en sus brazos; ya no la quiero. Puede que algún día comprenda que nadie es como ella, no van a amarla como ella pretenda. No es mi refugio ya no la espero a través de mi ventana, es mejor perderme en la bruma que coincidir con esa psicópata en otra luna. A las penumbras de testigo me remito de tanto desamor vivido, por parte de ese ser maldito. Este sendero de piedras vivo que acusa que todas estas voces me rondan noche a noche por su culpa. 

En pena mi alma por concederle mis albas a una pobre dama. A las penumbras entrego, a mi martirio secreto, estas son las lágrimas más calladas de un Lord que tuvo el amor como religión. El mundo gira insolente, los amores ya no trascienden como ayer, la consciencia no parece tan consciente... El hogar de las almas en pena, la cárcel de los despojados del amor son las penumbras y no hay razón. Mi voz muda se queda, no entiendo quién soy, que iluso fui, al amor yo le creí. Ya no soy el elegido, soy solo y frío, como siempre lo he sido; si he de morir y caer al vacío sin oponerme me despido, que así sea. La derrota del amor afirmo que carece de todo entendimiento y saber; sabe a karma en alguna piel. A las penumbras de mi ser imploro la paz, otra vida quizá. Ante lo desconocido me dejé llevar que gran error; en el sendero infernal de la penumbra más absurda entendí que la luz del amor a veces no alumbra, sino que es el camino a la tortura sin amor, se le llama perpetúa locura.

Irreconocible se me hizo su cara que se borraba a las penumbras de nuestra habitación vacía y fría desde su adiós sin previo aviso, más mi alma ya no la nombra, que suerte la mía. No quedan ya recuerdos de esa mujer maldita... Es tan confuso todo; ahora de mi desgracia el silencio se mofa. Se empañan mis cristales y me falta el aire, y eso a quién le importa. Encomiendo mi alma a los susurros de mis tintas, casi soy una sombra extinta, un ser diferente, con el don de las letras negras; innato provocador y pecado. Me encuentro con la triste certeza de que el amor en ocasiones, o siempre, es el único criminal que hiere, mata, huye cobardemente y queda impune. No es tan solo un infortunio, ni azar, si en la suerte yo no creo; todo tiene un fundamento y un culpable. Por su descaro ella simplemente ella, me ha empujado sin piedad... A las penumbras.


Comentarios

  1. Seguir en pie, rectos e imbatibles con las penumbras como un sudario, como una pena que a pesar de todo nos mantiene vivos.
    Beso bermejo

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